¿La ciencia por la ciencia?
El Consejo de Sociedades Científicas de Chile estuvo detrás de la movilización que, hace algunos días, reunió a más de medio millar de científicos, académicos y estudiantes de postgrados en el frontis de las oficinas de Conicyt, en protesta por la eventual reducción en el presupuesto del programa Fondecyt y la poca participación en la toma de decisiones sobre estas materias.
Hasta ahí todo bien, pero en ese mismo contexto, el Doctor Jorge Babul, presidente de la entidad, aseguró que las aplicaciones tecnológicas, que llevan al aumento de competitividad, “necesitan de creatividad y excelencia”, lo cual sólo podrá cimentarse sobre una masa crítica de investigadores que realicen ciencia de punta “inspirada en la curiosidad más amplia, sin buscar retornos económicos inmediatos”.
Mi pregunta es: ¿podemos darnos ese lujo?
Fuente: Radio Universidad de Chile.
No es un lujo.
¿Para qué queremos la plata?
¿Queremos un país de sobrevivientes o de personas que tienen la posibilidad de realizar sus sueños y proyectos?
Es claro que el desarrollo económico es importante, ya que es de indispensable para dar a todos las mismas oportunidades. Pero reducir toda la actividad de un país a solo fomentar el desarrollo económico, malgastando las habilidades de sus genios en el sumo pragmatismo, significaría que su trabajo es solo para la supervivencia. Ese es un país de esclavos.
Un lujo es un gasto excesivo, “dispensable”. La investigación científica, así como el desarrollo de las artes debe ser un objetivo fundamental de un país libre.
Pienso que no
Golda Meir, primer ministro de Israel, en los años ‘70, cuando Israel no era la potencia que es hoy, decía que porque su país era pobre, no podían darse el lujo de no invertir en ciencia. Basta ver cómo está dicho país actualmente, que incluso es potencia atómica.