La segunda Jornada Internacional sobre Innovación, Transferencia tecnológica y creación de empresas, fue inaugurado por el ministro de Economía, Alejandro Ferreiro, quien explicó que el desafío que tiene Chile en la transferencia tecnológica y la innovación, es entender que para lograr que ésta sea efectiva hay que reconocer los errores que se desprenden del aprendizaje necesario para poder emprender e innovar con mayores probabilidades de éxito.
“Nuestra cultura, sin embargo, castiga aquellos errores, pese a que es el resultado inescapable de la economía global y de un proceso de innovación de vanguardia”, manifestó Ferreiro. Agregó que son pocos los que innovan con éxito, por lo tanto, si la cultura nacional no reconoce que el error es el preámbulo del triunfo, no habrá un avance en este campo.
La innovación requiere de nuevas formas de relacionarse, nuevos puentes y confianzas. “Los puentes no sólo entre universidad y empresa; entre el mundo de la generación del conocimiento y de la aplicación de éste; también en servicios y procedimientos industriales”, dijo el secretario de Estado, acotando que: “allí tenemos que acercar posiciones y establecer aleaciones de interés e incentivos para que esa convergencia se dé en el lugar donde se cruzan el conocimiento y el emprendimiento”.
La innovación, como transformación de las empresas, es una nueva manera de producir y organizar los procedimientos al interior de éstas y conocer su expansión y competitividad, lo que requiere de puentes y confianzas al interior de las empresas, entre trabajadores y empresarios, lo que se sostiene en la capacidad de que tengan estos actores de converger en una mirada común.
Otro de los expositores fue el rector de la Universidad Católica, Pedro Pablo Rosso. El académico explicó que para lograr las metas que se esta proponiendo el país en materia de innovación y generación de nuevas empresas, es necesario tener una mentalidad creadora de buenos profesionales.
Agregó que Chile está partiendo de manera débil en este desafío, “estamos produciendo pocos doctores, lo que se refleja en cifras que establecen que la inversión que realiza el Estado en educación superior es 0,3% y 0,7% en tecnología”, dijo Rosso.
Entregó otras cifras que demuestran que en Chile se gastan US$44 por habitante, mientras que en Nueva Zelandia la cifra alcanza a los US$400 por persona.
Incentivar a los investigadores y crear nuevos negocios
Isaac Kohlberg, Pro-Rector, Senior Provost, Chief Technology Development Officer de la Universidad de Harvard, explicó la experiencia de esa casa de estudios en transferencia tecnológica y agregó que en Estados Unidos se está dejando que las universidades sean las que investiguen, manejen, comercialicen y ejecuten la transferencia tecnológica.
Isaac Kohlberg afirmó que “los desafíos principales son entender, conocer y apreciar la cultura de las universidades, estableciendo como meta que la transferencia tecnológica tenga un fin social”. Además, aclaró que las empresas ven la innovación como un producto, lo que debe ser entendido por las casas de estudio para poder desarrollar programas de transferencia tecnológica, que sean efectivos.
Agregó que la creación de nuevos negocios es muy importante, pero para lograrlo hay que tener en cuenta la propiedad intelectual, con el fin de establecer si los científicos están interesados en seguir trabajando en las universidades.
El Prorrector de la Universidad de Harvard explicó que es importante que las casas de estudios superiores estimulen la generación de nuevos negocios e iniciativas derivadas de la transferencia tecnológica y que la academia debe entender de qué se tratan los procesos de comercialización.
Kohlberg destacó que es necesario integrar las inversiones desde la empresa hacia los programas de transferencia tecnológica y establecer cuales son los nuevos clientes a los que se deben dirigir.
Un aspecto importante es crear investigadores que se sientan identificados con la cultura de la universidad a la que pertenecen, a través de la entrega de incentivos.
Isaac Kohlberg explicó que lo que se busca es generar un sistema con nuevos investigadores en las universidades, que sean beneficiados con las empresas y desarrollen tecnología que esté al alcance de la sociedad.
Esto fue complementado por Ilan Chet, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalem, quien detalló el modelo implementado en el Instituto Weizmann de Israel, destacando que esa institución recibe el 60% de las ganancias generadas por las exploraciones en transferencias tecnológicas y el investigador 40%, estimulando la generación de buenos profesionales.
“El sistema construye estímulos para que el investigador siga trabajando a través de la universidad, debido a que, muchas veces, ocurre que por no darle la importancia merecida a la propiedad intelectual, el estudioso genera investigaciones por su parte”, dijo Chet.
Chet agregó que en Israel la industria y las universidades se han unido, de tal modo que la mayoría de las investigaciones son generadas por las casas de estudio y enfatizó que para estas actividades el Gobierno israelí entrega muchos recursos económicos, lo que ha potenciado el aumento en la innovación tecnológica.