Liderazgos para desarrollar la innovación

José Luis Roces, vicerrector del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, escribió para el diario Clarín
una interesante columna de opinión, donde dejaba bien claro que no basta con ser innovador, si no que también hay que ser competitivo. Les dejamos la columna, en la que bien vale la pena detenerse.

Vivimos en un mundo competitivo, donde la subsistencia depende de la capacidad de diferenciarse. A eso lo llamamos “innovación”. En este contexto, el capital financiero es abundante y no es factor de innovación, pues su posesión no asegura la competitividad.
La tecnología es accesible y tiende a ser un “commodity”. Es disruptiva en sus inicios hasta que se transforma en un estándar, aun para los que no la inventaron.
Entonces, cuándo hablamos de innovación ¿de dónde proviene? El origen de la innovación es el talento de la gente que tiene voluntad de innovar. Ello implica dos procesos claves a la hora de estar decidido a competir.
Cómo seleccionar talentos y cómo crear ambientes propicios para que su voluntad de crear surja.
En la era del conocimiento, sabemos que el talento es escaso. La verdadera restricción no es el acceso a la información, que nunca fue tan fácil. El problema consiste en atraer, desarrollar y retener el talento.
Esta es una batalla en la que participan grandes, medianas y pequeñas empresas por igual; y con mayor intensidad cuanto mayor sea la velocidad de innovación, como base para asegurar la competitividad.
Hoy en las empresas pueden llegar a convivir tres generaciones. La de los “baby boomers” —45 a 60 años—; la “generación X” —31 a 44—; y la “generación Y” —15 a 30—.
Y sus motivaciones son distintas: los mayores siguen viviendo en un mundo donde el esfuerzo y la dedicación al trabajo son sus motores. Los del medio tienen anclajes ligados al estatus y al poder. Los más jóvenes valoran cada vez más el proyecto profesional y el efecto del ambiente laboral sobre su balance de vida personal y familiar.
Las claves hoy pasan por desarrollar un liderazgo que sea consciente de estas diferencias y, sobre todo, sea “ejemplo” para atraer en forma genuina a los jóvenes talentos en quienes reside la capacidad de innovación. Así, podrán ganar la batalla de la competitividad.

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