El ministro de Agricultura, Alvaro Rojas, a su regreso de la gira por Alemania destacó que se alcanzó un acuerdo con el Ministro Federal de Alimentación, Agricultura y Protección de los Consumidores, Horst Seehofer, para la cooperación bilateral en lo relativo a entregar, durante el mes de noviembre próximo, un documento formal en el que se detallarán los términos de referencia para la cooperación en dos temas concretos: bioenergía y biocombustibles y reforma institucional.
Biocombustibles fue declarado una de las prioridades del gobierno de Bachelet, lo que había sido anunciado en su programa de Gobierno, donde se destacaba la necesidad de crear fuentes de energía alternativas a partir de agroenergía y biocombustibles, lo que fue tomado como uno de los lineamientos estratégicos del Minagri en el período 2006-2010.
Observar a Alemania como referente de producción de biocombustibles es un inicio interesante, aunque es posible que Chile deba definir otros temas antes de embarcarse en la producción, pues la cantidad de biomasa requerida para su elaboración es inmensa y es posible que Chile no sea capaz de generarla y es allí donde el tema de los transgénicos se hace presente, pues son este tipo de cultivos los que permiten obtener rendimientos que hacen factible la producción de combustibles de origen vegetal desde una fuente renovable.
En conversación con la revista Bioplanet, el ministro Rojas señalaba que el tema de los organismos genéticamente modificados era un tema pendiente para el Gobierno, pues la discusión se ha postergado, sin embargo señalaba que se espera que en 2007 se creen los espacios, pues por ahora el foco del Minagri está en desarrollar la nueva institucionalidad y en la agenda alimentaria.
No sólo Alemania es un productor importante de combustibles de origen vegetal, Brasil y Estados Unidos cuentan con tecnología basada en el uso de caña de azúcar y maíz respectivamente, y en el segundo caso con disponibilidad para vender plantas llave en mano a Chile, que podrían satisfacer las necesidades del país. Sin embargo sería mucho más valioso crear una solución basada en las riquezas naturales del país y en las posibilidades de producción propias.
Pero un impulso a la investigación en estas áreas tal vez deba venir desde el mundo de las políticas públicas, cuya base debe tener un plano científico y técnico, potenciando grupos enfocados en realizar la necesaria transferencia tecnológica de acuerdo a las necesidades del país.
En la Universidad de Concepción, precisamente en el Centro de Biotecnología, un grupo de investigadores dirigidos por el doctor Jaime Baeza viene trabajando desde hace cinco años en un proyecto de investigación donde se espera producir biocombustibles (etanol) a partir de desechos agrícolas y forestales, en la que podría ser una estrategia mucho más aplicable a la realidad nacional. La ventaja de usar desechos forestales es que se aprovecha el tremendo volumen de biomasa que se produce.
Una de las quejas de los científicos es que Chile se ha embarcado tarde en este proceso, pues no se supo prevenir el problema del alza de los precios del petróleo, lo que se advierte al mirar a Brasil, donde poseen tecnología funcionado y muchos de sus vehículos son híbridos que son capaces de funcionar con biocombustibles.
En Chile, comenta Baeza, lo primero es normar, a través de una ley o regulación el uso de estos combustibles, pues de esta manera el impulso para investigarlos y producirlos se verá incentivado.
“Tiene que haber un impulso a través de una decisión país. De otra manera es imposible que lleguen los inversionistas e instalen una planta en Chile para producir etanol a partir de maíz si no se promueve su uso y se modifican las normas para vender bencina con un porcentaje de etanol”, explica Baeza.