Hasta el 29 de septiembre tienen plazo los académicos, investigadores, inventores y emprendedores para presentar su proyecto en ChileInventa 2006, un concurso nacional de innovaciones patentables.
Los chicos que ganaron el año pasado el ChileInventa, también ganaron en el World’s Best Technologies, comopitiendo con universidades gringas y hasta la NASA. Fueron los primeros no estadounidenses en ganar.
En ChileInventa se buscan proyectos con proyección comercial y de patentamiento. Se entregarán cuatro premios de $25 millones para el proceso de patentamiento y otros millones en concepto de asesorías. Las bases en el sitio del Dictuc.
Para incetivar a los genios nacionales les comparto este artículo inédito que donó a este blog su autora Eliette Angel. En forma amena cuenta cómo fueron quemando étapas: desde la idea hasta la concreción del invento.
Disfrútenlo…
Felipe Camposano (27) no puede tener mejor puesto su apellido. Su papá tiene un campo cerca de Curicó. A Felipe, ingeniero civil en computación de la UC, siempre le daban el “cacho” de supervisar la cosecha de las manzanas en el verano. Así que una de esas temporadas invitó a su amigo Andrés Leschot (31), bioquímico también de la UC, para que lo acompañara.
Uno de los problemas de la cosecha de manzanas son las frutas que no se pueden exportar debido a defectos visuales, por falta de color o por golpe de sol (que produce una coloración amarillente o ulceraciones) o algún otro daño. Una manzana grande y rojísima cuesta cuatro veces más que otra del mismo tamaño, pero no tan colorada y con un golpe de sol. Y una fruta con un daño más violento, su precio cae 14 veces. Entonces, un buen día, Felipe le dijo a Andrés: “Ya que eres bioquímico, invéntate algo”.
“Por esas grandes casualidades del destino se me ocurrió algo que podía funcionar y la gracia es que funcionó”, comenta Leschot, oriundo de Concepción. Y añade: “El gran problema que teníamos es que como buen bioquímico yo pienso en escalas de laboratorio. “Pasar a grande” es un universo completamente distinto. Entonces, necesitábamos a alguien que pudiese hacerlo”. Así invitaron a otro amigo, Álvaro Olivera (32), ingeniero químico de la U. de Chile.
“Se necesitaba alguien que tuviera el problema, alguien que se le ocurriera una solución y alguien que pudiera hacerla funcionar”, cuenta el doctor Olivera. Calzaban perfectamente los tres amigos.
Lo que los jóvenes habían creado era un producto biotecnológico que se podía rociar, un spray, tal como los pesticidas o fertilizantes. La clave de la invención está en los flavonoides. Estas moléculas vegetales le otorgan “poderes” a las plantas: color, protección UV, atraen a los polinizadores, otorgan protección frente a enfermedades y plagas. Y cuando los seres humanos consumen flavonoides, estos poseen diversos efectos medicinales beneficiosos.
El producto permite que la planta aumente su producción interna de flavonoides para que ella misma se proteja mejor de la radiación y para que tenga más color. “No estamos dando una función externa. Estamos, entre comillas, comunicándonos con señales químicas para que lo haga en mayor cantidad”, explica Leschot. Una analogía podría ser las vacunas que aumenta la producción de anticuerpos en las personas.
Crearon distintas formulaciones, específicamente para el tema del color y el golpe de sol, que no necesitaba aparatos para medir los resultados. Se observaban a simple vista. El papá de Felipe les dio un sector de su campo para trabajar. Esas manzanas no se vendían. El problema era que tenían que esperar la cosecha para ver los resultados y aguardar todo un año para probar nuevamente. Dedicaban su tiempo libre y sus propios recursos.
En eso estaban cuando el año pasado se enteraron de ChileInventa. Si ganaban el concurso que organiza GeneraUC-Dictuc, les darían $15 millones para patentar su invención y la posibilidad de participar en la World´s Best Tehnologies, en Dallas (EE.UU), una vitrina tecnológica. Para patentar se necesitan abogados especialistas y realizar estudios de mercado para decidir en qué países en rentable patentar. Porque en todos los países deben pagar. Además, se debe ser muy cuidadoso con lo que cubre la patente.
Y triunfaron.
Un nuevo mercado
Pero el invento de estos tres jóvenes que aumenta la cantidad de flavonoides en la manzana despierta el apetito de otro negocio.
“El mercado total de la manzana no crece mucho. Lo que ha hecho Chile es reemplazar a otros países. Pero estamos llegando a un techo. Casi el 80 por ciento de lo que se consume son manzanas frescas, entre 12 y 15 % jugo y el resto son derivados, como manzanas secas”, cuenta Camposano.
Entonces las manzanas –tal como otras frutas- deben empezar a buscar otros mercados. Estos chicos apuntan a los alimentos funcionales, que no solamente aportan los nutrientes básicos, sino que además tienen una función extra sobre la salud, como fortalecer el sistema inmunitario. Tal es el caso de los probióticos Uno al día y Chamyto. Según Olivera, incluso hay estudios que demuestran que algunos flavonoides detendrían la proliferación de ciertas células cancerígenas.
“Por ejemplo, algunos flavonoides en la manzana son muy buenos para disminuir la resistencia de la insulina y aumentar el desarrollo de masa muscular. ¿Y qué pasa si con una formulación parecida te ofrecemos una manzana que tiene dos o tres veces más de esos flavonoides? Hay mercado que estaría dispuesto a comprar, aunque sea más cara”, dice Camposano. Olivera añade: “Hay un montón de flavonoides que se pueden tomar en pastillas, pero la idea tampoco es llenar a la gente de pastillas. Nosotros creemos que es mucho mejor tomarte un jugo o comerte una fruta”. El ingeniero químico cuenta que en EE.UU. ya existen productos –como jugos y té verde- que tienen un sello que dice la cantidad de flavonoides que posee (así como las calorías). Él aspira a que pronto digan para qué sirven esas moléculas.
Según estos chicos, su tecnología es una plataforma para trabajar con otras frutas, plantas e incluso vinos. Y también para potenciar ciertas características.
¿Por qué no optaron por un producto transgénico? (que modifica genéticamente a la planta) “Nos aprovechamos del pánico irracional que les tienen para desarrollar nuestros productos que no lo son”, comenta Leschot. Además, es algo muy costoso en las plantas que no son anuales (el trigo, maíz y soya sí lo son). En el caso de la manzana, hay que reemplazar a los árboles “nativos” por los transgénicos, lo que toma mucho tiempo y dinero.
Y en eso llegó marzo de 2006 y los tres jóvenes viajaron a Dallas -junto con Mauricio González, coordinador del concurso ChileInventa-, para participar en el World’s Best Tecnologies. Partieron para enfrentarse con los grandes: el Centro Espacial Johnson de la Nasa, el Laboratorio Nacional de Los Álamos, varios departamentos de investigación del ejército, universidades de EE.UU. y Canadá. Competían las más diversas áreas: seguridad, comunicaciones, medioambiente, química, energía, entre muchas otras. Sólo participaban dos iniciativas biotecnológicas más.
Felipe Camposano debía jugarse la vida en los 10 minutos que tenía para presentar el proyecto. Este ingeniero de la Fundación Chile había vivido en EE.UU, por lo que su inglés era más fluido y podía dar una visión más comercial a los 400 asistentes que votarían, entre inversionistas, ingenieros, científicos y expertos en búsqueda y comercialización de tecnologías.
Y nuevamente lo lograron. En la cena de premiación donde se leían los sobres que contenían los ganadores, empezaron a leer la descripción de su proyecto.
Mientras los tres jóvenes no se movían de su asiento, atónitos, Mauricio González aplaudía a rabiar. “Esto implica una gran responsabilidad. Álvaro, Andrés y Felipe ganaron un concurso internacional. Tiene que materializarse un negocio, si no, no sirve de nada haber ganado. Además, como país nos impone un desafío a seguir innovando, a seguir en esta ruta”, opina.
Cuando lograron reaccionar subieron al escenario. “No recordamos muy bien el asunto”, reconoce Olivera. “Sé que se rieron”, acota Leschot. “Sé que dije gracias a todos, fue una cosa de equipo”, comenta Camposano.
Si bien el premio Platinum es sólo un reconocimiento, saben que les generó muchos contactos que pueden abrir varias puertas. Ahora están enfocados en consolidar su empresa, Lucien Biotechnologies, y su primer producto. Son busquillas, están postulando a nuevos proyectos. “Es súper emocionante, nuestro jueguito se transformó en algo grande”, dice Olivera. Y eso que sólo ha pasado un año desde que se enteraron del concurso ChileInventa. “En realidad, es medio irreal cuando lo miro en retrospectiva”, remata Leschot.